miércoles, 21 de septiembre de 2016

Valoración del paciente con Parkinson

Píriz Campos RM. El paciente con enfermedad de parkinson. En: Rayón E, (dir). Manual de Enfermería Médico-Quirúrgica Vol 3. Madrid: Síntesis; 2002.p.217-25

Teniendo en cuenta lo visto en clase y en relación con el ejemplo de valoración de paciente neurológico que vimos, he pensado que podría ser interesante ampliar el tema con la valoración de un paciente que presenta una enfermedad en concreto, en este caso, el parkinson. He elegido este libro porque la estructuración de los capítulos está muy bien y porque nos enseña a valorar, diagnosticar y cuidar a pacientes con diferentes tipos de enfermedades desde nuestro propio ámbito o campo de trabajo, siguiendo el proceso de atención de enfermería, lo cual considero muy importante.

El parkinson es una enfermedad crónico-degenerativa existente desde hace siglos que conlleva una alteración generalizada de los movimientos como consecuencia de la destrucción de las células nerviosas de los ganglios basales y de la sustancia negra cerebral.

Sabemos que hay varias fases del Proceso de Atención de Enfermería: Valoración, Diagnóstico, Planificación, Ejecución y Evaluación. Es muy importante realizar una correcta valoración, ya que las fases siguientes del proceso van a depender de ésta. La valoración se lleva a cabo en diferentes pasos, de los cuales lo más importante es la recogida de datos e información, ya sean datos más concretos a través de la entrevista, historial médico, exploración física... o datos más generales en una primera observación estructurada. En este caso:
  • En la primera observación estructurada nos hacemos ya una idea general del paciente y es dónde debemos analizar signos que pueden ser claves para diagnosticar, como la marcha, la postura o el temblor. Éste último, por ejemplo, es un signo muy característico de la enfermedad y es fundamental identificarlo. 
  • En cuanto a la entrevista, debemos centrarnos en preguntar al paciente sobre su movilidad, si presenta dificultades o torpeza en la  realización de sus actividades habituales como masticar, vestirse, escribir... Además, es importante valorar su estado emocional, ya que puede presentar ansiedad, tensión, tristeza... debido a la incapacidad de movimientos que puede llegar a poseer.  
  • Respecto a la exploración física debemos observar la rigidez muscular fijándonos en la expresión facial, la voz, si el parpadeo de los ojos es poco frecuente y si hay babeo debido a la dificultad para tragar. También es muy conveniente realizar un movimiento pasivo de las extremidades. 


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